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EL “MURMULLO” ES EL IMPUESTO QUE COBRA LA “ENVIDIA” AL “MÉRITO”
Cartas de lectores : MATÍAS FERNÁNDEZ
11/2/2013 17:04:51

Curtarsa: Paradojas de un final anunciado
Y un día Curtarsa declaró quiebra. La pequeña curtiembre de Jáuregui, que en 1994 fue comprada por el Grupo Italian Leather, llevando su producción diaria de setecientos cueros a seis mil, tuvo desde ese entonces una mala relación con la comunidad. En el verano de 1995, una mortandad de peces y distintas especies animales, anticipaba una historia difícil. Ese mismo año, dos personas se contaminaron por el consumo de agua, obteniendo como diagnóstico metahemoglobinemia. (leer más)

El 1 de septiembre de 1995, Curtarsa, el intendente electo Miguel Prince, los bloque del Honorable Concejo Deliberante y un grupo de docentes y alumnos de la Universidad Nacional de Luján, firmaron un acta compromiso en el cual la empresa hizo pública su voluntad de permitir y alentar el control de sus efluentes líquidos con el objetivo de mejorar su calidad y terminar la planta depuradora. Promesas incumplidas por la empresa, los ciudadanos detectaron en muestras particulares de pozos ciegos la presencia de metales pesados como cromo, mercurio y plomo. Dos organizaciones ambientalistas -H2O y ECOVIDA- empezaban a dar sus primeros pasos canalizando los reclamos y malestares de la población.

La falta de seguridad laboral quedó en evidencia el 28 de abril de 1998. Un escape de gas tóxico desencadenó la hospitalización Alejandro Ott, quien falleció días después. Luego del accidente, la Municipalidad de Luján clausuró la planta. No fue la única muerte de un trabajador, pero si la que dejó a la vista de todos la negligencia y falta de seguridad laboral. En marzo de 2000, en un operativo de inspección, el municipio encontró en infracción dos camiones de la empresa que derramaban líquido de carga peligroso por la calles del pueblo. Pocos meses después, una explosión seguida de una fuga de vapor alertó a la comunidad. Los bomberos fueron convocados pero no se les permitió entrar con el auto bomba a las instalaciones.

Tal vez, el golpe más duro en términos legales que sufrió Curtarsa fue en febrero de 2001. La Secretaría de Política Ambiental de la provincia aplicó a “la firma Curtarsa Curtiembre Argentina S.A.I y C. la sanción de multa conforme de la Resolución N° 167/97, de PESOS DOSCIENTOS MIL ($200.000-) que deberá abonarse dentro de 10 días de notificada la presente”. Una resolución inmediata intimaba a la empresa a presentar “un cronograma de tareas de remediación del impacto negativo producido por su actividad industrial sobre el sedimento del Río Luján”. La situación política del país, la crisis de representación política que se desataría ese mismo año y el Estado débil, hacían imposible sostener esta decisión.

Pequeños graves hechos que ilustran una historia de desconfianza, en la cual la comunidad se sintió desprotegida y vulnerada por capitales extranjeros que atentan contra la vida y contaminan uno de los recursos más importantes de nuestras tierras: el agua.

Desgraciada historia la de Curtarsa, que enfrentó y quebrantó durante tantos años el Derecho a un Medio Ambiente Sano -Art. 41 de la Constitución Nacional- y que terminó su historia atacando directamente el Derecho al Trabajo -Art. 14 y 14 Bis de la Constitución Nacional-.

Contradicciones de una historia maldita y la estrategia de Curtarsa: La curtiembre como víctima y el municipio como culpable

La empresa, utilizó a lo largo de su historia una efectiva estrategia política de comunicación. La tergiversación permanente de la realidad se sintetiza en la recordada frase de Daniel LLermanos, quien fuera abogado de la firma: “yo no hubiera hecho una casa al lado de una Curtiembre”.

La empresa logró volcar, en un sector de la comunidad, el rencor contra la gestión pública, en años en los cuales la debilidad del Estado era un signo de la época. A su vez, la curtiembre personificó durante muchos años en la figura del intendente al culpable del problema de la comunidad. En 1998, Curtarsa despidió a 87 trabajadores fundamentando la decisión en “Medidas persecutorias y discriminatorias adoptadas por la Municipalidad de Luján, que tornan imposible, por falta de garantías, la continuidad de la empresa”.

Los trabajadores, desprotegidos laboralmente, vulnerados en su derecho de poseer condiciones dignas de trabajo, se convirtieron a través de determinadas formaciones del sindicato, en voceros de la empresa. El despido o cierre como solución al problema de la contaminación, que planteó la empresa, tocó a fondo en la sensibilidad social, fundamentalmente después de la crisis de 2001. En un país en crisis, Curtarsa instaló la idea de que luchar contra la contaminación era atentar contra una fuente de trabajo.

Durante la gestión de Rosso, el municipio intentó profundizar la estrategia judicial sin demasiado éxito. Para colmo, la empresa obtuvo el permiso para el funcionamiento de un horno de secado de barros y la renovación de su certificado de aptitud ambiental.

Alternativas y el camino a la reconversión

La relocalización fue la respuesta que encontraron las organizaciones ambientalistas y ciudadanos frente a la idea de cierre como solución, siempre auspiciada por la empresa. Sin embargo, la relocalización fue un hecho cercano a lo imposible. La Ley finalmente sancionada en la Provincia de Buenos Aires, cayó en un momento poco oportuno: el quiebre de la empresa.

De la puja de cierre o relocalización se gestó una síntesis: la reconversión. La reconversión de las instalaciones en un “Parque Industrial”, donde la actividad textil sea el eje, es por lo menos interesante. Carambola de la historia, se encuentran gobernando Luján la Unión Vecinal, la misma fuerza política que lo hacía en 1994, cuando la pequeña empresa pasó a manos de Italian Leather Group.

La realidad nos obliga a pensar que la solución no será posible, salvo se planteé como política de Estado con el apoyo del Estado Municipal todo – Poder Ejecutivo y Legislativo -, los sectores vinculados a la nueva actividad, los trabajadores, el Estado Provincial y fundamentalmente la comunidad.

Si Jáuregui se recuperó del cierre de Algodonera Flandria, motor de su desarrollo y crecimiento económico, tenemos suficiente optimismo para creer que los puestos de trabajo pueden ser reparados y que se puede mejorar la calidad de vida, a pesar de que queda un daño ambiental latente que nuestra generación no podrá ver reparar.

Matías Fernández

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